Cada 14 de septiembre, en Miguelturra, huele a incienso y azahar. Y es que este sábado, el tiempo dio una tregua y Nuestro Padre Jesús Nazareno volvió a procesionar, Exaltando la Cruz, con los sones de Santo Tomás.

No eran ni las 21.30h cuando las puertas de la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, patrona de la localidad, se abrían. Y por decimosexto año consecutivo, Santo Tomás de Villanueva aguardaba impaciente comenzar el curso cofrade.

El cortejo cogía forma y, a la hora antes señalada, Jesús Nazareno cruzaba el dintel de la puerta y las primeras notas del Himno Nacional se entremezclaban con los aplausos de los fieles. Tras este, sin compás de tambor, resonaban los acordes de la que siempre será su marcha: Nazareno, Rey de la Plazuela. En el recuerdo de muchos, la salida de aquel 14 de septiembre 10 años atrás cuando, por primera vez, sonó la marcha que José Javier Ruiz Céspedes, componente de nuestra agrupación, le dedicó a su Cristo. 

Las marchas continuaban sonando camino del centro de la localidad: Aromas de un Barrio, Ángeles de Resurrección, Entre Rocío y Azahar, Alma de Dios… y mientras, Jesús Nazareno continuaba con su andar, reposado, siempre de frente. 

Los nervios por la posibilidad de que lloviera iban desapareciendo y las miradas ya no iban dirigidas al cielo. De Capuchinos al Cielo. Sonaban los aplausos tras el solo de corneta. Y resonaban cuando Jesús Nazareno rompía al son de la marcha tras la revirá. 

Tras esto, Alarcos. Ya lo dijo el poeta. “Alarcos es un castillo, una batalla, un parque. Alarcos es una ermita, un jardín, una torre, un sueño…”. Y el sueño se hizo realidad de nuevo tras Jesús Nazareno. Otra revirá de ensueño en la esquina del ‘Mercao’. Lenta, muy lenta. Elegante, una vez más.

Gitano de Sevilla para cruzar la plaza mientras proseguían las chicotás, caminando hacia ‘las peatonales’; las calles por las que toda cofradía de Miguelturra procesiona. Las que los costaleros churriegos esperan con ganas. Las de disfrutar. Las de sufrir. Donde se demuestra el oficio costalero… Y allí continuaron sonando las marchas; tres seguidas. 

La primera, como siempre, Aurora de Resurrección. A corte de aro. Sonaban las cornetas y retumbaban los redobles. Mi Ángel de la Madrugá. Comenzaba la revirá. De nuevo, eterna. Rompía la marcha y, de la manera más elegante, sin brusquedad alguna, Jesús Nazareno seguía su camino. Lento, sobre los pies, pero con paso firme. Ganándole apenas un par de centímetros en cada paso. 

Y cuando parecía que todo acababa, Caminando van por Tientos… Seguía el sueño. Sonaba Santo Tomás, y sonaban ‘los tientos’. Compases flamencos para el Nazareno de Miguelturra. Casi sin avanzar. Con mucho compás. Otra chicotá para la eternidad… 

Arriaba el paso y, tras la levantá, de nuevo a corte de aro, sonaba Nazarenas de la Paz para abandonar el centro de la localidad y volver a su Ermita. Continuaba firme y elegante Jesús Nazareno. Gustad y Ved. Acordes clásicos y largas chicotás, mientras cientos de fieles acompañaban al Cristo hacia su barrio.

¡A la Gloria! y De Vuelta al Porvenir para enfilar la calle de la Ermita. Y, con Bajo tu Humilde Mirada, Jesús Nazareno alcanzaba la puerta de su templo. Otro 14 de septiembre estaba a punto de acabar y el pueblo de Miguelturra allí estaba, en su Ermita, arropando a su Cristo.

Última revirá. Sonaban los acordes, dulces y lentos, de Ave María. Jesús Nazareno comenzaba la vuelta. Reposada, al compás de Santo Tomás. Y sin tambor de por medio, De tu Gracia, mi Oración. Mientras, seguía la revirá, lenta, como si nadie quisiera que llegara el final. 

Jesús Nazareno cruzaba de nuevo el dintel de la puerta y, con los acordes del Himno Nacional, miraba a Miguelturra por última vez hasta el próximo Jueves Santo. Aunque otro 14 de septiembre llegaba a su fin, una página más se había escrito en la historia, y todos los momentos vividos quedarán guardados en los corazones de los que pudimos disfrutar de ÉL una vez más.